Abuelo, no te imaginas lo emocionante que ha sido mi viaje. La magia y la fantasía me han envuelto por completo. Cada experiencia me ha llevado a volar entre las nubes. La curiosidad me ha invadido al escuchar acerca de los misterios de la maravillosa Irlanda, el lugar con el que desde niña siempre soñé, y al que siempre quise visitar.
El pasado viernes me sucedió algo increíble. ¿Alcanzas a imaginarte qué pudo ser?, bueno, te lo contaré: iba caminando lento por la calle, en las afueras de la ciudad donde me hospedo, y al mismo tiempo iban surgiendo en mi mente hermosos recuerdos de las historias más emocionantes que hace diez años, de la abuela escuché. De repente, tropecé con una enorme moneda tan brillante como el oro, y con más razón, los recuerdos no se esfumaron. Me incliné y la recogí tomándola entre mis manos, y justo en el instante en que alcé la mirada apareció a mi lado como por arte de magia un hombre viejo y barbado que mirándome fijamente a los ojos me dijo: – es de duende-. Raro ¿no? Yo sin saber a qué se referí a pregunté: – ¿de qué habla señor?- ; – la moneda- me dijo. Mi primera reacción fue reír a carcajadas, puesto que no le creía nada. Volví la mirada hacia atrás un segundo, y, al regresarla, el hombre ya no estaba a mi lado. Pensé que tal vez había sido víctima de una pequeña broma.
Quince minutos más tarde, un destello de luz me encandiló los ojos y caí al suelo sintiendo un raro temblor en todo mi cuerpo. De repente se me fueron las luces y no sé cómo pasó, pero al despertar, aparecí en un extraño lugar lleno de mucho color, y raros hombrecitos pequeños disfrazados de no sé qué. Pregunté en qué lugar estaba, pero nadie me quiso responder. Cuando miré hacia el horizonte me di cuenta de que estaba dentro de un arcoíris, ¿sabes? ¡Era genial!
Todo estaba fuera de la realidad. Caminé un rato dirigiéndome al gigantesco arco lleno de color, y allí, noté varias ollas de oro vigiladas por un duende, ah sí, eso eran esos hombrecillos: duendes.
Me acerqué a saludar, pero solo conseguí ser señalada como fenómeno por uno de los duendecillos, esta vez la sensación que experimentaba mi cuerpo era aún más extraña. Imagínate abuelo, me estaba convirtiendo en oro, tal vez en una de sus monedas; pero con mucho esfuerzo logré escapar, y sin más preámbulos me dirigí al portal y regresé a mi mundo: de vuelta a la realidad.
Déjame decirte que a pesar de todo, ha sido una experiencia inolvidable, y lo mejor es que ahora disfruto de mis nuevas uñas de oro.









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