CARTA DE UN EXTRAORDINARIO VIAJE

•noviembre 26, 2009 • Dejar un comentario

Abuelo, no te imaginas lo emocionante que ha sido mi viaje. La magia y la fantasía me han envuelto por completo. Cada experiencia me ha llevado a volar entre las nubes. La curiosidad me ha invadido al escuchar acerca de los misterios de la maravillosa Irlanda, el lugar con el que desde niña siempre soñé, y al que siempre quise visitar.

El pasado viernes me sucedió algo increíble. ¿Alcanzas a imaginarte qué pudo ser?, bueno, te lo contaré: iba caminando lento por la calle, en las afueras de la ciudad donde me hospedo, y al mismo tiempo iban surgiendo en mi mente hermosos recuerdos de las historias más emocionantes que hace diez años,  de la abuela escuché. De repente, tropecé con una enorme moneda tan brillante como el oro, y con más razón, los recuerdos no se esfumaron.  Me incliné y la recogí  tomándola entre mis manos, y justo en el instante en que alcé la mirada apareció a mi lado como por arte de magia un hombre viejo y barbado que mirándome fijamente a los ojos me dijo: – es de duende-.  Raro ¿no?  Yo sin saber  a qué se referí a pregunté: – ¿de qué habla señor?- ; – la moneda- me dijo. Mi primera reacción fue reír a carcajadas, puesto que no le creía nada. Volví la mirada hacia atrás un segundo, y, al regresarla,  el hombre ya no estaba a mi lado. Pensé que tal vez había sido víctima de una pequeña broma.

Quince minutos más tarde, un destello de luz me encandiló los ojos y caí al suelo sintiendo un raro temblor en todo mi cuerpo. De repente se me fueron las luces y no sé cómo pasó, pero al despertar, aparecí en un extraño lugar lleno de mucho color, y raros hombrecitos pequeños disfrazados de no sé qué. Pregunté en qué lugar estaba, pero nadie me quiso responder. Cuando miré hacia el horizonte me di cuenta de que estaba dentro de un arcoíris, ¿sabes? ¡Era genial!

Todo estaba fuera de la realidad. Caminé un rato dirigiéndome al gigantesco arco lleno de color, y allí, noté varias ollas de oro vigiladas por un duende, ah sí, eso eran esos hombrecillos: duendes.

Me acerqué a saludar, pero solo conseguí ser señalada como fenómeno por uno de los duendecillos, esta vez la sensación que experimentaba mi cuerpo era aún más extraña.  Imagínate abuelo, me estaba convirtiendo en oro, tal vez en una de sus monedas;  pero con mucho esfuerzo logré escapar, y sin más preámbulos me dirigí al portal y regresé a mi mundo: de vuelta a la realidad.

Déjame decirte que a pesar de todo, ha sido una experiencia inolvidable, y lo mejor es que ahora disfruto de mis nuevas uñas de oro.

 

 

MANCHADO CARMESÍ

•noviembre 20, 2009 • 1 comentario

Con sus dedos ajados, escarbó y escarbó en la tierra. Por fin encontró firmadas por el dolor, sus uñas sanguinolentas y masacradas.

Versión original:

Escarbó y escarbó en la tierra con sus dedos ajados. Por fin encontró sus uñas, sanguinolentas y firmadas por el dolor…

 

LA REVUELTA

•noviembre 20, 2009 • 1 comentario

En medio de una revuelta de distintas razas, y una danza de cuchillos, comienzan a rodar cabezas, a volar pies y manos, y a distinguirse un gran río de jugosa sangre entre los gigantes estadios. Una magdalena bañada en lágrimas, acude a matar con la última espada, y un fuerte olor expide la mejor parte de la ensalada. Joaquín despierta de su sueño asustado, pero cuando llega a la cocina se da cuenta de que todo ha sido consumado.

LA CULPA LA TUVO EL TOMATE!!…

•octubre 8, 2009 • 1 comentario

Son las 8:45 del día y Pablo Jiménez va corriendo a toda prisa por  el parque central de la ciudad, para no llegar tarde a su trabajo.  Por ir tan rápido, Pablo de repente apoya su pie sobre algo amarillo y arrugado que lo hace resbalar, cae y se rompe el tobillo izquierdo, se para y se vuelve a caer pero en una cañería, su traje ahora está todo sucio, se levanta y trata de caminar con la otra pierna, intentando llegar hasta el bus.

 En el bus al sacar el dinero para pagar, se da cuenta de que su billetera no está, así que el conductor al verlo tan desorganizado y sin plata, decide no dejarlo ingresar, pero al momento de bajarse, el bus arranca y Pablo vuelve a caerse; esta vez se quiebra el brazo derecho, y le sangra la nariz.

 Pablo salta en un pie muy adolorido intentando llegar al hospital más cercano. Cuando llega a urgencias, nadie quiere atender a Pablo porque ha perdido sus documentos, entonces intenta llamar a algún familiar pero como cosa rara nadie atiende al teléfono.

 Aquel hombre  está desesperado, pero al final del día deciden atenderlo al verlo tan mal. A la mañana siguiente salen unos exámenes hechos por el doctor a Pablo el día anterior, en los cuales el cirujano nota que aquel joven tiene una grave enfermedad en uno de los pies,  y que éste necesita ser operado de urgencia. Pablo entra a cirugía y después de ocho horas de operación es llevado a recuperación, pero más tarde el doctor se fija en que el pie operado fue el equivocado. Pablo se da cuenta del grandísimo error del médico y furioso intenta llamar de nuevo a su casa, esta vez contesta su novia, quién había ido a buscarlo porque el día anterior él no aparecía por ningún lado. Pablo le dice a Sara que vaya por él al hospital central, porque necesita de su ayuda.

Una hora más tarde la novia de Pablo llega a la habitación dónde éste se encuentra y al ver a una de las enfermeras de uniforme corto y escotado, coqueteándole a su novio, Sara entra en un ataque de celos y termina con Pablo la relación que llevaban desde hace 4 años.

Para acabar de ajustar, la rabia y la depresión llevan al hombre de las desgracias infinitas a entrar en estado de shock.

Con la intervención de los médicos, Pablo se salva de un peligroso infarto y a la semana, en compañía de su madre es visitado por un famoso periodista. El hombre de sombrero y chaleco negro le comunica a Pablo que muchas personas se han dado cuenta de su mala suerte gracias a las enfermeras chismosas, y que ha sido catalogado el hombre más de malas en el país.

-Cuénteme señor Jiménez: ¿Cómo ha sucedido tanta desgracia en su vida?-

A lo que Pablo responde: -Sólo voy a decir: ¡la culpa la tuvo el tomate!-…

 

LA MONJA

•septiembre 11, 2009 • 1 comentario

Era el verano del 86  y Asunción  se encontraba más alegre que de costumbre, su cabello estaba resplandeciente y combinaba perfecto con sus ojos siempre tan brillantes. Rafael, el amor de su vida, le tenía preparada una sorpresa, estaba esperando a su hermosa chica en la orilla más romántica de toda la playa, había velas encendidas y pétalos por doquier, esencia a rosas, unas copas y una botella del mejor vino. A lo lejos Rafael distinguió esa bella e inconfundible  figura de mujer que cada vez se acercaba más y más, él siempre tan elegante y apuesto recibió a Asunción y bajo el estrellado y hermoso cielo, la besó. Parecía ser la noche perfecta, la noche inolvidable, un sueño hecho realidad.

A la mañana del siguiente día,  Asunción despertó con el sonido de las olas del mar, pero su amado ya no estaba, lo buscó por todas partes pensando que era un juego, pero al parecer, la había abandonado. Año tras año la tristeza y el dolor deterioraron a aquella mujer que contra viento y marea había luchado por aquel amor que habría sido el amor más grande del mundo, pero que no pudo ser. Con el corazón partido y sin señales de Rafael, Asunción había decidido no volver a enamorarse, su cara era cada vez más pálida, sus labios no volvieron a sonreír y sus ojos no volvieron a brillar. Veinte años después se refugia en un manto y un hábito,  esta infeliz mujer decide casarse con un nuevo amor, Dios, quien sana poco a poco su alma y su corazón.

 

VERDURA INFIEL

•septiembre 11, 2009 • 1 comentario

El mes pasado me encontraba yo de viaje en un gran crucero por el Caribe. Fue el sábado en la noche que me dirigí al primer piso del barco para apreciar las hermosas olas a la luz de la luna. Después de cinco minutos de estar allí, escuché de repente a un niño que parecía hablar solo, no quise acercarme, pues, preferí ”parar la oreja”. Al parecer hablaba con un tomate, ¿un tomate?, sí, un tomate; no me lo creía. Hablaban de despecho; la verdura le contaba al niño su más temprana experiencia amorosa, la cual había terminado muy mal.

Resulta que Tomatata (la novia del tomate) lo había engañado con un repollo porque decía que este tenía más fuerza y era más acuerpado que las demás verduras. - ¡Ignórala, ella es la que pierde!- decía el niño asombrado de la infidelidad de la ex de su pequeño amigo. Según Tomatín, Tomatata decía que antes le gustaba la apariencia de su novio, porque era el más verde del Valle, pero que ahora estando tan amarillo parecía que éste tuviera hepatitis y que se veía muy desagradable. Entre lágrimas y con ese gran dolor en el corazón, la criatura amarilla decidió  parar, la verdura que más había amado en la vida lo había ”echado” y no podía cambiarlo.

De repente escuché a Tomatín despedirse del niño y agradecerle por sus consejos, y de un momento a otro desapareció sin dejar rastro, yo me acerqué al chiquitín y pregunté. – ¿y el tomate?-, el respondió: – voló-; -¿voló?- pregunté de nuevo, y él me dijo- sí, era el tomate volador-.

Fin

 

 

Mi tomate despreciado

•agosto 23, 2009 • 1 comentario

mi tomate

Mmm… Empezaré diciendo que odio los tomates verdes, nunca me han gustado, y nunca me han hecho ”agua” la boca. El punto es por qué?, sabiendo que nunca los he probado, y nunca me he atrevido a hacerlo. Desde chiquita me acostumbré a que los tomates eran rojos y no verdes, y ahora que tengo el tomate más verde de un grandísimo supermercado junto a mí, y aunque combina muy bien con el tendido de mi cama, no me apetece ni poquito, siento que me mira, siento que me habla, hasta siento que se burla y se ríe de mí, porque está seguro que nunca me lo voy  a comer! aunque llegará el día en que el tomate se ponga feo y comience a oler terrible!,  de solo pensar en eso me acuerdo del pepino de una retahíla que pronunciaba seguido cuando era niña, en ésta había un tal señor llamado don pepito que se metía en un sombrero y como el sombrero era de paja resultaba en una caja, y como la caja era de cartón, resultaba en un balón y luego el balón era muy fino entonces resultaba en un pepino jajá, y después el pepino maduró y la verdad no me acuerdo si don pepito sí se salvó o no, y no creas que lo comparo con esto por olor de don pepito.

El punto es que sinceramente un tomate NO ME INSPIRA algo bonito para escribir, sólo pienso en su textura y en poder dibujar sobre él ( cosa que sí me gusta hacer), y más bien eso voy a hacer: una carita, unas manitos y unas antenitas le voy  a poner…

 
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